- "Ave María Purísima" dijo el padre
- "Sin pecado concebida" respondió Benito en voz muy baja.
- "¿Hace cuánto tiempo te confesaste?"
- "Más del que puedo recordar, padre"
- "Bueno, dime tus pecados"
- "¿Amar es pecado, padre?"
- "Depende, hijo"
- "¿Cuando Cristo dijo amaos los unos a los otros, nos estaba incitando a pecar?"
- "¿A dónde quieres llegar, Benito?"
- "A que me diga si amar es pecado o no, sin ambages, antes de confesar mis problemas. Pero si no puede discernir algo tan complicado y a la vez tan sencillo, entonces dejemos todo por la paz, padre"
- "Te noto nervioso, Benito. ¿Algo te afecta? Antes que nada, a pesar de no hablar mucho ni muy seguido, creía que éramos amigos"
- "En ese plan vengo, padre. Pero usted no me responde mi pregunta"
- "Amar no es pecado. No en el sentido que tú lo mencionas, como un mandato de Jesús, nuestro salvador. Pero ocurre que a veces creemos que amamos y estamos confundiendo ese sentimiento con otro sentimiento más instintivo…"
- "Sexo" interrumpió secamente Benito.
- "Sí, sexo, deseo, lujuria"
- "Yo hablé de amor, simple, sencillo, puro, amor a raudales, desbordándose a ríos, sin sexo, con ganas de sexo pero sin tenerlo. Y no me salga con los malos pensamientos, porque entonces se acaba la discusión. Bueno, discusión no, la plática."
- "No, el amor no es pecado. ¿Puedo saber qué te pasa? Estás muy alterado, nunca te había visto así"
- "Perdón, padre, usted no tiene la culpa. Voy a hacer un poco, no, más bien, mucha historia. Cuando yo era niño, una tarde especialmente nublada y triste, usted me sacó de mi salón de clases y me trajo a esta misma capilla. Allí, usted me anunció que mi padre había muerto, que Dios había decidido llevárselo porque era necesario y todas esas zarandajas que confortan sin explicar absolutamente nada. ¿Recuerda? Veo en sus ojos que sí. Me resultó extraña una decisión así atribuida a Dios, pero la acepté. A fin de cuentas, en aquel entonces no estaba muy acostumbrado a protestar. Aún ahora, sigo aceptando las cosas conforme me van llegando, pero protesto, cuestiono, un poco más. Sabe usted de los problemas en mi casa, con mi mujer, que cada cuarto de hora encuentra un motivo para pelear. Los niños le importan un comino, ella debe hacer su santa voluntad y si eso es insultar, gritar, desafiar, simplemente lo hace. Yo poco respondo, padre, pero lo hago, no tengo ni la paciencia ni la tolerancia de un santo. Tenemos tres hijos, pero desde el primero comenzaron los problemas. Todo debía hacerse según sus normas, sus criterios, sus órdenes. Yo no discuto, pero tampoco acato. No soy esclavo. Aún la quiero, adoro a mis hijos, pero la convivencia es cada vez más complicada."
Benito hizo una pausa, suspiró, se volvió a acomodar en el reclinatorio, para después proseguir con su relato
- "Mucho tiempo ha pasado y, de pronto, sin buscarlo, me siento perdido …"
- "¿Te acostaste con alguien?" interrumpió escandalizado el padre.
- "No, peor, me siento confundido y creo que lo mejor es, sería, desaparecer …"
- "¿Pero estás loco? ¿Cómo puedes creer eso? Es una locura, Benito, por Dios…"
- "Por Dios, sí, por Dios. Él puede tener mucha de la culpa. No, en realidad, Él tiene toda la culpa. En más de una ocasión me encontré hablando con él para convencerme de que Dios existe, que no es un ser vengativo, que nos quiere, que se preocupa por nosotros, y siento que, de alguna manera, esas pláticas acabaron de confundirme. Luego de todo esto, siento que la religión es basura, todo rodeado de mierda, una invención que lo único que hace es sojuzgar a los hombres, quitarles su dignidad y convertirlos en esclavos de otros, de ustedes, de los políticos y los sacerdotes…"
- "Nunca te había escuchado hablar así y espero que no creas de verdad lo que estás diciendo, Benito, sabes que eso que dices no es verdad"
Benito se soltó llorando y solamente atinaba a preguntar, en medio de sus lágrimas, repitiendo una sola pregunta: "¿Por qué, entonces? ¿Por qué ya no podemos ni hablar sin gritar o insultarnos?". Largo rato transcurrió, hasta que una especie de calumniosa paz se cernió sobre ellos. Aún con sus sollozos, Benito comenzó a hablar nuevamente, con más calma.
- "Cuando murió mi padre, más bien cuando averigüé la verdad acerca de su muerte, lo odié por habernos dejado y renegué de Dios por haberle permitido ausentarse. ¿Dónde, si la había, estaba su infinita bondad? No con nosotros, desde luego…"
- "¿Qué sabes de tu padre?"
- "Que terminó suicidándose. Desde entonces, antes de cumplir los diez años, siempre he tenido el temor de terminar igual que él, porque siempre he creído que el suicidio tiene bases genéticas. No lo puedo demostrar, pero hay algo que llama la atención hacia el suicidio, cuando hay suicidas en la familia. En fin, odié a mi padre toda mi vida, bueno casi toda mi vida. Luego, lo perdoné sin olvidar mi rencor. Y ahora encuentro que tal vez pueda comprenderlo y hasta me dan ganas de seguir su ejemplo. El suicidio como solución, muerto el perro se acabó la rabia. Es tentador, y cuando se tienen motivos, se hace más fácil. La genética, padre…"
- "¡No digas estupideces!" bramó el sacerdote, rojo y descompuesto el rostro por la indignación "el suicidio jamás será solución a nada. Dios te puede dotar de fortaleza para superar cualquier crisis…"
- "Sin rollos, padre. Si me estaba dotando de fortaleza para superar la crisis de mi matrimonio, entonces ¿por qué me quita mi tabla de salvación, la confianza, la autoestima, el respeto de mis hijos? Sí, sé que es una estupidez, una pendejada…"
- "Platícame más pausadamente, me estás enredando y a mi edad ya es difícil coordinar bien las ideas. Vamos por partes, por favor"
- "Mi enojo, mi encabronamiento (perdón, pero es exactamente eso) es con Dios. Sólo con Él. Si ya mi vida era un desmadre, ¿para qué complicarla, hundirme en la mierda de la soledad, la tristeza, el desamor, por lo que me resta de vida? ¿Es un castigo por no haber sufrido lo que mis hermanos cuando se fue mi padre? Qué poca madre, perdón otra vez, pero ahora sí no voy a dejar de maldecir. Me siento como el niño pobre al que le enseñan un plato de comida, apetitoso, antojadizo, para después burlarse de él diciéndole
- "¿Por qué crees que estás tan molesto, tan decepcionado?"
- "¿Por que insinúa que solamente lo creo? Estoy abrumado por deudas, conflictos laborales y por la falta de apoyo dentro de mi propia casa"
- "¿Crees que lo mejor para ti sería abandonar tu casa, a tus hijos?"
- "No lo sé, de verdad no lo sé, no obtendría nada bueno y dejaría desamparados a mis hijos, pero por otra parte dejarían de vivir los constantes pleitos entre nosotros"
- "¿Entonces, de qué te quejas? ¿No dices que lo único que te interesa es su bienestar, que harías cualquier cosa por ellos? Pues haz a un lado tus quejas y tu dolor y ya no te quejes, eso es amor, amor por ellos. Y voy a maldecir igual que tú, para que me entiendas. Si eres capaz de hacerlo, de aguantar estos momentos difíciles, de hacerte presente siempre para ellos, pase lo que pase, entonces quiere decir que de verdad los amas; si no eres capaz, y te estás haciendo pendejo solo, buscas excusas para encontrar culpables fuera de ti mismo porque no quieres reconocer tus culpas; quieres todo para ti y no eres capaz de ningún sacrificio. Hablado es muy bonito, pero actuado ya cuesta, ¿verdad?" dijo el padre con voz dura, sin flexiones. Benito tardó en responder.
- "Creo que no se entiende mi posición, padre. Los amo y por ello estoy dispuesto a desaparecer de su vida, aunque me cueste la vida, aunque acabe suicidándome como mi padre. Cállese, no me interrumpa, yo lo dejé hablar sin intervenir. Mi enojo, mi sentir, es con Dios, que la puso en mi camino para luego quitármela, luego de darme tres hijos. Y no se la llevó, simplemente me la quitó, hizo que perdiera el amor que un día me tuvo. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Otra prueba? Me cago en la mierda, ya no más, ¿es simplemente otra forma de recordarme que nací jodido y debo terminar jodido, para perpetuar a las clases sociales establecidas, creadas, sostenidas por la religión? Creo que ya basta, si he recibido más de lo que merezco, ¿por qué mejor no me muero y ya? " dijo Benito y nuevamente estalló en llanto, pero esta vez menos ruidoso y más lastimero. El padre guardó un respetuoso silencio. Al fin, Benito continuó.
- "A principio de la semana antepasada mencionamos el tema y tuve miedo, pero mantuve una esperanza: si logramos pasar así, en comunión casi perfecta, con mucha comunicación, con intercambios de ideas, de posiciones, hasta que los dos hablemos con un médico o un sicólogo, a los dos nos va a ser mas fácil separarnos después, si no logramos modificar lo que tiene que cambiar, pero al menos trataremos de lastimar menos a los niños. De navidad, me regaló una ilusión. Poco me duró el gusto. Todo cambió en cuestión de horas, de minutos. Dos días después, cuando hablamos definitivamente sobre el tema, me dijo que no estaba dispuesta a desperdiciar tiempo ni dinero en médicos, si no veía ningún futuro en ello. Dice que me quiere, y le creo, pero que tiene que encontrar espacios propios, y también le creo, pero para que encuentre esos espacios, le estorbo yo, no nuestros hijos, solamente yo. Y aquí estoy, con solamente dos opciones que manejábamos mucho cuando yo era joven, haciéndolas válidas ambas a la vez: chíngate o llora. Las utilizo a las dos, una tras otra (y nada tiene que ver Paco Stanley). Tengo días durmiendo como bebé, porque me despierto llorando cada dos horas; el día que me lo dijo estuve vomitando todo el tiempo. En fin. Bueno, vea, cuando salí después de ser cortésmente enviado al demonio, me subí al coche. 215 km/h. Media hora corriendo a esa velocidad como loco, hasta que pensé primero que no tengo derecho a matar a nadie junto conmigo; luego, pensé en mis hijos. Regresé a mi casa, metí el coche y me salí a caminar por la calle. Me trataron de asaltar y en la defendida saqué un corte en una pierna, hecho con navaja. Pero no me robaron nada. Estoy lleno de ira, de angustia, de miedo. Y a todas mis dudas, pareciera que Dios solamente me contesta:
- "Lo primero que tienes que hacer es convencerte a tí mismo de que esto es lo mejor para ella; si de verdad lo crees, dejarás de buscar lo mejor para tí, diciendo que es por el bienestar de los dos. Cuando hayas logrado hacer eso, entonces podrás convencerte de que Dios te puso a tí en el camino de ella para ayudarla en algo, has sido un instrumento de Dios para que ella crezca, gane experiencia, qué sé yo; para engendrar esos hijos como parte del crecimiento de ambos, pero creo que Dios no la puso a ella en tu camino para tu bienestar…"
Benito le interrumpió, llorando mientras hablaba, hablando mientras lloraba, con suspiros que entrecortaban las frases
- "Pura retórica, demagogia, tergiversar los hechos. ¿Por qué tenía ella que enamorarse de mí? ¿Por qué tenía yo que enamorarme de ella? ¿Por qué no podíamos hacer algo el uno por el otro, sin este maldito dolor que no me deja respirar? ¿Por que tengo que tenerla en la mente, en el corazón, en el alma, en la piel? ¿Por qué tiene que quitarme a mis hijos para encontrar su camino? Podría haber hecho casi cualquier cosa por ella sin necesidad de perder la cabeza, la esperanza en mi propia vida, la fe en mí y en Dios, la fe en el amor verdadero, la esperanza en que se puede merecer algo bueno o mejor en este mundo, sin dejar de creer que hay otra vida después de ésta. Ya no creo en nada, padre, y todo aquello que sostenía mi columna vertebral de creencias, se fue a la chingada en muy poco tiempo. No creo que Dios exista, y si existe, no lo quiero así. Quizá dentro de algunos años podría repensar todo esto y tener conclusiones distintas, pero por ahora, solamente necesitaba que me escuchara en confesión, padre, porque de esa manera no podrá repetir nada de esto a nadie sin romper el secreto de confesión. Necesitaba desahogarme. Por el momento, ella es mi vida y mis hijos mi Dios y mi amor por ellos es mi única religión. Y sin ellos ya no tengo nada"
Benito calló, solamente se escuchaban sus suspiros intermitentes y sus sollozos, cada vez menos y menos audibles. El padre dejó pasar un poco de tiempo y dijo:
- "Espero que te hayas desahogado, Benito, porque te esperan épocas difíciles. Te debes a tu familia, a tus hijos, a tu es…"
De pronto resonó un estallido como un cañón y rebotó una, cien, mil veces en las paredes de la capilla. El ruido fue ensordecedor y atemorizante. El padre, sobresaltado, salió a toda prisa del confesionario. Sin que el padre pudiera percatarse de ello, Benito había salido de su cubículo y, postrado a los pies del altar, allí donde le anunciaran la muerte de su padre, se había pegado un tiro, por la boca, atravesando el paladar, penetrando el cerebro. Una magnum .357 de balas expansivas. Su sangre, su cerebro, piel ensangrentada, fragmentos de hueso, se encontraban esparcidos por todo el lugar. El padre Antonio se desmayó. Dos cuerpos yacían inanimados, uno en el altar y uno abajo.
3 comentarios:
Querido Blogger
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Atento saludo
NPB-Team
Hola.
Me he topado con tu página en el camino y bueno, me atrevo a hacerte algunas observaciones, esperando te sirvan.
El tema que manejas es muy interesante y muy amplio, tu relato tiene cierta intensidad que brinca un poco respecto al tono que manejas, es decir, de repente la historia se torna dramática y en otras parte cómica; si lograrás mayor uniformidad creo que ganarías mucho ya que como lectores es un tanto desconcertante que te estén moviendo la atmósfera de una línea a otra.
El personaje es muy complejo y muy rico, creo que te puede dar para muchas cosas, el final ojalá fuera un poquito menos apresurado -respecto al resto del texto- quizá describir más el ambiente al final le daría más peso.
Creo que tienes muchas cosas buenas en el escrito; cosas que lo hacen interesante, enhorabuena. Ojalá sigas escribiendo mucho; te deseo mucha suerte.
Saludos.
Gracias por tus comentarios, Laura. Efectivamente, tengo la tendencia a mezclar lo serio con lo risible, tal vez para disminuir el dramatismo. Trataré de seguir tus consejos. Ojalá vebgas por aquí seguido; voy a escribir con un poco más de frecuencia.
Saludos y, nuevamente, gracias por tu visita.
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